Ojalá decir que No no fuera tan difícil. Asumir que hay que decir que no aunque duela, aunque tengas que soportar el enfado de la gente que lo escucha. Porque aunque sabes que tienes tus razones, a la gente la dan igual, sólo escuchan un No y eso es más fuerte que cualquier explicación.
A mi me cuesta decir No. Hay veces que me cuesta menos, evidentemente, pero por lo general cuando me niego a hacer algo me siento después en una mezcla de bienestar y malestar que no me deja dormir.
Bienestar por saber que era lo que quería y tenía que hacer (a veces querer no es poder, porque a veces está el deber de por medio). Malestar por hacer enfadar a la gente. Podría mandarles a la mierda, porque al fin y al cabo es lo que se me pasa por la cabeza en un primer momento. Pero creo que no merece la pena, deben de escuchar el no y sacar conclusiones... creo que uno no puede hacer más al respecto.
Intento poner en la balanza las veces que a mí me dicen no y las veces que yo digo no... y me doy cuenta de que a mí pocas veces me niegan algo, ¡y también sucede lo contrario! pocas veces me lo conceden. Esto sucede por mi constante aproximación a la autosuficiencia, y a autonegarme mentalmente algo antes de pedirlo, por no ser yo misma quien me lo pueda proporcionar.
Si me dicen que no ¿qué hago? supongo que depende de la situación, pero no me pongo como un basilisco por esto en particular, intento ver las razones desde otros puntos de vista diferentes a los míos y después dialogo y llego a un consenso.
Pero cuando se trata de que soy yo quien tiene que decir que No habitualmente solo recibo malas caras y desprecio hacia mi persona. Y cuando trato de explicar por qué no, (cosa que no siempre tengo por qué hacer, pero no me importa hacerlo, por tanto lo hago) ya no se me escucha.
No se de quién puede ser el problema en estos casos. Creo que todos debemos de aprender a decir que no, pero supongo que también hay que aprender a escucharlo.
